13 noviembre 2017

La tercera España se ha levantado


"Me temo que lo peor aún no ha pasado. Me temo que el golpe triunfará a partir del 1 de octubre, cuando la democracia se declare en tregua frente a los golpistas. Sí, me temo lo peor. Porque es la hora de Churchill y en mi entorno no veo más que pequeños chamberlaines."
Rosa Díez González



Lo peor está pasando. Lamentablemente, el temor de Rosa Díez no era infundado y la democracia se nos escapa de las manos mientras el Estado de Derecho que debe sustentarla asegurando el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular está en tregua frente a los golpistas. Esta es la dura realidad tan difícil de aceptar en estos tristes y oscuros días de la Historia de España.

¿Les parece un análisis pesimista? El tiempo lo dirá. Les aseguro que hace un par de semanas, cuando escribí este artículo, era totalmente realista. Ayer lo volví a leer y, tras observar algunas referencias temporales algo desfasadas (muchas y muy importantes noticias han sucedido estas dos semanas), decidí actualizarlo. Más adelante contaré lo que ocurrió entonces. Mientras, les invito a seguir leyendo el artículo original.

Rara vez las cosas suceden de repente, como por generación espontánea. Tampoco ahora. Desde que el día 26 de septiembre de 2012 Artur Mas anunciara en el Parlament su voluntad inequívoca de llevar a cabo el primer referéndum ilegal para la autodeterminación de Cataluña hasta que se realizó el 9 de noviembre de 2014, el Estado de Derecho ha permitido que los golpistas desafíen la ley. Y no sólo eso, el Gobierno de España lo ha negociado con ellos.

Así tenemos que, ocho meses antes del segundo referéndum ilegal para la autodeterminación de Cataluña, Enric Millo, el Delegado del Gobierno de España en Cataluña, reconoció otra negociación entre el Estado español y los golpistas que gobiernan la Generalidad de Cataluña.

Y negociación tras negociación llegamos al malhadado 1 de octubre de 2017, día en el que, minutos después dlas 20:00 h., hora de cierre de las mesas electorales del segundo referéndum ilegal para la autodeterminación de Cataluña permitido por el presidente del gobierno de España, el propio Mariano Rajoy señaló la responsabilidad de "los líderes de la Generalitat" y, acto seguido, les ofreció diálogo

La respuesta de Puigdemont al ofrecimiento de Rajoy se produjo poco después y consistió en anunciar el paso siguientela declaración de independencia de Cataluña.

Desconozco si también en esta ocasión miembros del Gobierno de España han dialogado y acordado con los golpistas, pero lo cierto es que el 10 de octubre Rajoy permitó la declaración de independencia de Cataluña. Una declaración que, como es bien sabido, se produjo y hasta se firmó.

No hay que olvidar que Rajoy permitió la declaración de independencia a pesar de que José Manuel Maza, el Fiscal General del Estado, había confirmado dos semanas antes que se daban las condiciones legales para detener a Puigdemont. Por cierto, al hilo de ese 'mensaje a navegantes' de Maza, hay que destacar el hecho de que al suspender la independencia tras proclamarla, Puigdemont minimizó el riesgo de 'violencia y grandes tumultos', algo que de suceder tendría como consecuencia que el 'Molt Honorable President' incurriera en un delito de rebelión penado con hasta 25 años de cárcel. 

En cualquier caso, las únicas actuaciones que Rajoy ha decidido contra los golpistas han sido dos. La primera, enviar a Cataluña, varios días antes del 1 de octubre, a la policía y a la guardia civil. Eso sí, fueron enviadas con una difícilmente explicable falta de previsión y a unas arriesgadas operaciones que se agravaron con la previsible actuación de los mozos de escuadra. Esas condiciones de trabajo provocaron situaciones perfectamente aprovechadas por los golpistas para su propaganda victimista. Situaciones a las que incluso se sumó el propio Millo pidiendo disculpas en TV3.

La segunda de las actuaciones de Rajoy contra los golpistas ha sido un requerimiento al Gobierno de la Generalidad de Cataluña para que "confirme si ha declarado la independencia de Cataluña". La clave de dicho requerimiento ha sido el amplio plazo dado para su respuesta. O mejor dicho, los amplios plazos. 

En efecto, en dicho requerimiento Rajoy le da al Molt Honorable President un primer plazo de cinco días (desde el miércoles 11 hasta el lunes 16 a las 10:00 horas), y un segundo plazo de tres días que acaba mañana jueves 19 a las 10:00 horas, para, en su caso, proponer al Senado "la adopción de las medidas necesarias para el cumplimiento por parte de la Comunidad Autónoma de sus obligaciones constitucionales y para la protección del interés general, al amparo de lo dispuesto en el artículo 155 de la Constitución española para restaurar el orden constitucional y estatutario vulnerado."

hoy es el día en el que los españoles nos encontramos con que el Presidente del gobierno de España no solo ha evitado instar a la Fiscalía a actuar contra el máximo responsable de los golpistas, querellarse contra Puigdemont (como ha hecho Vox), no solo ha evitado aplicar con diligencia el artículo 155 de la Constitución, regalando unos plazos incomprensiblemente largos sino que, para colmo de males, desde el Gobierno de España se transmite la información de que, tras reunirse ayer con Pedro Sánchez y hoy con Albert Rivera, Rajoy abortaría la aplicación del artículo 155 si Puigdemont convoca elecciones en Cataluña.

Llegados a este punto hago el segundo y último paréntesis en el artículo original e introduzco la actualización de hechos que comienza con esta demoledora portada del ABC,un complemento muy eficaz de la noticia enlazada al final del párrafo anterior. 

Al día siguiente, el viernes 20, se celebró la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias con la presencia de los presidentes del Parlamento, del Consejo y de la Comisión Europea. Un acto con una belleza y una altura extraordinarias en el que el Rey de España pronunció un memorable discurso, especialmente importante en su última parte (ir a min. 01:47:00 del vídeo) y aún más, si cabe, en estas palabras.

Y fue, precisamente, en el consejo de ministros celebrado unas horas después, la mañana del sábado 21, cuando Rajoy dio a conocer el documento de medidas para la aplicación del artículo 155 de la Constitución que días más tarde se llevaría al Senado para su aprobación y posterior aplicación tras su publicación en el BOE. En dicho documento se plantean medidas tan necesarias como el control de los miembros de la policía de la Generalidad (Mossos d'Esquadra), así como medidas para "garantizar la transmisión de una información veraz, objetiva y equilibrada ..." en el ámbito del servicio público autonómico de comunicación audiovisual (TV3, Catalunya Radio...). 

En cualquier caso, es importante señalar que todas esas medidas están sometidas a revisión ("El gobierno podría anticipar el cese de estas medidas si cesasen las cusas que lo motivan") y que tienen una duración determinada ("se mantendrán vigentes y serán de aplicación hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno de la Generalitat resultante de la celebración de las correspondientes elecciones al Parlamento de Cataluña"). 

Conviene recordar que ese mismo sábado 21 desde medios cercanos al gobierno se trasladó la idea de que las elecciones catalanas se celebrarían en seis meses. Muchos españoles estábamos contentos.

No obstante, el viernes 27, pocas horas después de la aprobación en el Parlamento de Cataluña de la resolución para declarar la independenciaRajoy anunció la disolución del Parlamento de Cataluña y la convocatoria de las elecciones catalanas para el día 21 de diciembre. Desconozco si Rajoy y Puigdemont estuvieron a punto de llegar a un acuerdo, tal y como se comentó en algunos medios, pero lo cierto es que en sólo una semana ya se hablaba de un 155 light.

También desconozco hasta qué punto lo sucedido esos días afectó a la gente de la calle pero lo cierto es que el domingo 29 volvieron a manifestarse más de un millón de españoles no independentistas en Barcelona. Es cierto, los catalanes no independentistas ya no se callan ni se esconden.

Cierto es también que anteayer la juez Carmen Lamela envió a la cárcel a Oriol Junqueras y a ocho exconsejeros de la Generalidad acusados de rebelión y que ayer emitió una orden internacional de busca, captura y prisión de Puigdemont. Pero no es menos cierto que estas medidas son provisionales y que no les impedirán ser candidatos a las elecciones catalanas aun siendo condenados en firme.

Lo que también es cierto es que, pese a todo lo señalado anteriormente, desde el gobierno y desde Ciudadanos siguen, como antes de estas últimas dos semanas, hablando de reformar la Constitución sin respetar la voluntad mayoritaria de los españoles.

Así que hoy, sábado 4 de octubre, al actualizar este artículo he comprendido que pese a mi impresión al inicio de esta actualización, quizá influenciado por el efecto psicológico de las recientes noticias de las detenciones de los golpistas, mi conclusión no varía sustancialmente. Y esta no es otra (y con esto finalizo la actualización continuando con el artículo original tras este párrafo) que Rajoy, que sigue sin ser Churchil, busca otro nacionalista con quien pactar en Cataluña y, con el apoyo de los pequeños Chamberlaines Sánchez y Rivera, ha permitido y permite por acción u omisión que el Estado de Derecho que debe asegurar el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular esté en tregua frente a los golpistas. Sí, en una especie de tregua autoajustable en función de la fuerza del viento popular.

Pues bien, a pesar de la gravedad de la situación, afirmo con la convicción que me da lo que veo, que, parafraseando a Aristóteles, la esperanza es el sueño de una nación despierta. Y España está muy despierta. 

No hay más que ver la creciente presencia de banderas en nuestras casas y en nuestras calles para comprobar lo despierta que está España. No hay más que recordar lo que sucedió el pasado día 3 de octubre, dos días después de que millones de españoles comprobaran apesadumbrados cómo el presidente del Gobierno de España ofreció diálogo a los golpistas tras la celebración de un referéndum ilegal que no impidió, y vieran cómo minutos después el presidente de la Generalidad de Cataluña, como máximo responsable de los golpistas anunciara la declaración de independencia de Cataluña. Ese histórico día millones de españoles libres y decentes se vieron reconfortados con la nítida imagen de un Jefe de Estado ejemplar y recuperaron la esperanza al escuchar las más que necesarias palabras de Felipe de Borbón y Grecia, y mensajes tan cruciales como este:  

"Ante esta situación de extrema gravedad que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña basado en la Constitución y en su Estatuto de autonomía."


Imprescindible fue también el mensaje del Rey a los catalanes preocupados e inquietos con "la conducta de las autoridades autonómicas". Ese "No están solos ni lo estarán" fue tan necesario como emocionante. Y lo fue para ellos pero también para millones de compatriotas suyos que estuvieron muy bien representados por los miles de asistentes a la gran manifestación celebrada cuatro días después en Madrid y, especialmente, por el millón de ciudadanos que participaron en la histórica manifestación de Barcelona (ver imagen anterior) celebrada al día siguiente de la de Madrid, en la que brilló con luz propia el discurso de Mario Vargas Llosa.

Como tantas otras veces ha ocurrido en la historia de España, se acercan días de enfrentamiento entre españoles. Y esta dura realidad me ha hecho recordar estas palabras del historiador Joaquín Riera sobre su libro "La Guerra Civil y la Tercera España":

"Los españoles no quisieron la guerra y la mayoría constituyó la denominada 'tercera España' mientras que unas minorías extremas empujaron hasta el sangriento conflicto." 

Riera afirma que la Guerra Civil no ha sido una excepción en la historia y que "como en todas las guerras, la mayor parte de la gente no la quiso" aunque, curiosamente, "esa mayoría ha sido borrada por la historiografía".

Lo que veo en estos "muy graves momentos para nuestra vida democrática", tal y como los describió el Rey de España en su histórico discurso, es que ha emergido una mayoría silenciosa que es mucho más que eso. Es la tercera España de hombres cabales señalada por Rosa Díez tan molesta para los enemigos de la libertad, los farsantes y los traidores que tanto abundan en nuestro país. Es la tercera España que quienes controlan el presente quieren borrar del pasado (ya no se habla del discurso de Felipe VI ni de la manifestación de Barcelona) para poder seguir controlando el futuro

Como escribió Neruda, podrán cortar las flores pero no podrán detener la primavera. Y no podrán detener la nueva primavera de la democracia en España porque los españoles hemos aprendido que nuestra única esperanza somos nosotros mismos. Porque ya sabemos que, como tantas otras veces, intentarán aburrirnos, desesperarnos, confundirnos, chantajearnos... Pero no podrán porque hemos abierto los ojos y somos y seremos cada vez más en la calle para obligarles a obedecernos. 

Porque somos y seremos, al fin, la nación despierta de españoles cabales, libres y decentes que se ha levantado para defender lo que nos une: el sueño de la España constitucional. 

¡¡¡Viva la Libertad!!! ¡¡¡Viva la Constitución!!! ¡¡¡Viva España!!!






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