viernes, 17 de marzo de 2017

Se lo debemos a Fer





























El nacionalismo asesinó a su padre y le quitó mucho más. Tanto que anteayer, Fernando Altuna Urcelay, 47 años, un hijo de 13 al que adoraba y una mujer que le amaba, vencido, derrotado y humillado, no pudo seguir. 

No sé por qué. No quiero saberlo. Lo que sé, lo único que hoy me importa, es que quienes le hicieron sentir así son los asesinos nacionalistas, los que no condenan sus asesinatos con objetivos políticos y los que permiten que se desvirtue la verdad de las víctimas, que se pierda su memoria, que les salga tan cara la dignidad y, sobre todo, que no les alcance la justicia, como les ocurre a los más de 300 asesinatos sin resolver, entre ellos el de Basilio Altuna Fernández de Arroyabe, el padre de Fer.









No le conocí personalmente pero he tenido el honor y la suerte de mantener con él una especial interacción a través de Twitter. De esta forma he sido testigo de su compromiso con la verdad, con la memoria, con la dignidad y con la justicia para las víctimas del terrorismo, especialmente con las víctimas de la organización terrorista y nacionalista vasca. 
 
Porque es ese compromiso, pese al inevitable sentimiento de derrota, lo que ha impulsado su actividad en Covite, sus tuits y artículos como los siguientes de los que destaco algunos fragmentos a continuación. 










"La MEMORIA de la que tanto se habla no te podrá devolver la vida, pero podrá devolverte la DIGNIDAD, siempre que el Conjunto del Estado de Derecho y sus instituciones se atrevan a ir en busca de la VERDAD en mayúsculas, que no es otra cosa que la JUSTICIA.

La memoria por tanto de Basilio Altuna Fernández de Arroyabe y de todos los asesinados debe ser una parte del grito a favor de la verdad, de la ley, y por tanto de la justicia, una llamada a defender la libertad de todos en el futuro y a liberar así a toda la sociedad vasca y española de su pasado, y este será el único y auténtico triunfo del estado de derecho y de todos los vascos y españoles."


De "Las heridas siguen abiertas", carta de Fernando Altuna Urcelay a su padre publicada en la web de Covite el 7 de septiembre de 2015.








"No por inesperada, no por anormal, durante este mes he vuelto a sentir la bofetada de la realidad, de los 'nuevos tiempos' le llaman. En este mes de septiembre he visto exactamente lo que deseaba que fuese noticia. Por fin he visto reflejado en el papel lo que algunas víctimas del terrorismo venimos denunciando desde hace años. Y no por ello he sentido satisfacción. (...)

Miro a los lados perplejo de que a nadie sorprenda lo anormal de la normalidad que supone que el secuestrador del empresario Revilla reciba la makila de mando de su pueblo con emotivo aurresku de nesca quinceañera. 

Veo, con dolor y rabia -sí, escribo bien: dolor y rabia- que un grupo de adolescentes de Hernani tengan por modelo a seguir a los asesinos de Ana Velasco Vidal Abarca y  Antonio Recio Lanza.

Llegan nuevas noticias de otro acto en loor de tres asesinos en una ikastola de Azpeitia... Sigue siendo, todo, nauseabundamente normal." 


De "El triunfo de la normalidad" publicado en El Correo el 20 de octubre de 2016.








"El pasado sábado una hermana, una viuda alsasuarra de un guardia civil y dos huérfanos víctimas de ETA pertrechados con cuatro carteles acudimos a Alsasua para plantar cara a quienes defendían a los agresores y para apoyar a las Fuerzas de Seguridad del Estado frente a la chavalería revolucionaria. Nuestra «provocación» era intentar, en la medida de nuestros escasos medios, que no se repita aquel relato olvidado de un casero borracho que asesinó a dos jóvenes policías. No era nuestro deber estar allí, sino que es nuestro derecho defender a los que nos defendían y a los que nos defienden.

Por todo esto, el sábado pasado Consuelo, Conchi, Íñigo y yo estábamos en Alsasua, para que la historia no se repita."


De "Pero ¿a qué vais a Alsasua? publicado en El Correo el 30 de octubre de 2016.









"«La organización armada ETA político-militar ha hecho público hoy un comunicado en el que explica que ha sido puesto en libertad el director de la factoría de Michelin de Vitoria, Luis Abaitua Palacios, al ser alcanzados los objetivos de la organización. Los objetivos conseguidos son por un lado, el inicio de las negociaciones entre la empresa Michelin y el comité de los trabajadores, y por otro lado, la recuperación de informaciones extraídas mediante interrogatorio necesarias para la planificación de futuras acciones» (El Diario Vasco, 2 de marzo de 1979)

Este es el extracto literal de la información sobre el secuestro y tortura del señor Abaitua, ese hombre del que su secuestrador condenado por la Justicia, Arnaldo Otegi Mondragón, ha olvidado su nombre, como bien demostró en la entrevista concedida a Jordi Évole tras su salida de prisión, donde cumplía condena por pertenencia a organización terrorista. (...)

«¿Cuándo me has escuchado decir a mí que matar estuvo bien? Yo ni siquiera se lo he escuchado decir a ETA» (Arnaldo Otegi, 11 de febrero de 2017). 

Una vez más Otegi miente. Cuando ETA secuestraba, amenazaba, extorionaba, hería o asesinaba, lo hacía dentro de un plan estratégico organizado por el conjunto de la izquierda abertzale, antes KAS, para lograr una serie de objetivos perfectamente planificados. Hoy, por una mera cuestión estratégica, ETA ya no mata, pero los objetivos siguen intactos. (...)

Entretanto, tenemos que soportar que haya criminales dándonos lecciones de ética en las que dejan fuera a sus víctimas. ¿Dónde estamos los miles de desterrados de nuestra tierra? ¿Dónde aparecen los extorsionados, los amenazados? ¿Dónde aparecen los muertos, los heridos? ¿Dónde aparecemos los azotados física y psicológicamente por sus acciones contra objetivos estratégicos, perfectamente organizadas y planificadas?

En la próxima final de la Copa del Rey entre el F.C. Barcelona y el Deportivo Alavés no habrá pancartas para que los desterrados podamos volver a casa. El Gobierno Vasco seguirá olvidando a las víctimas del terrorismo que no estamos empadronadas en la CAV. El anteproyecto del entorno del 'todo' seguirá enalteciendo a los asesinos con el silencio cómplice del resto. En las ikastolas y facultades vascas se volverán a ver escenas de homenajes a criminales. En cada barrio y pueblo de 'Euskal Herria' se pedirá la vuelta de pistoleros.

Mientras todo eso ocurre a algunos solo nos queda la opción de acudir a especialistas a los que contarles, como en mi caso, que mi padre fue asesinado, que su asesino nunca fue juzgado, que hay quien me dice que pase página y cierre heridas, que olvide. ¿Qué me prescribe, doctor?"


De "Matar estuvo bien" publicado ayer en El Diario Vasco.








Hoy acaba el destierro de Fernando Altuna Urcelay de la manera más triste pero, a la vez, más digna. Eligió ser políticamente incorrecto y tuvo que irse de su tierra. Y es que allí se mira hacia otro lado, cuando no se reacciona violentamente, ante realidades incómodas como las víctimas del nacionalismo. Por eso hoy vuelve a Euskadi con la máxima dignidad. Porque, parafraseando a Shakespeare, en un mundo de cobardes que mueren muchas veces, él ha sido un valiente. 

Ahora Covite tiene una razón más para seguir trabajando. Los españoles libres y decentes, también. Se lo debemos a Fer.












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