lunes, 16 de abril de 2018

Indiferencia, cobardía y relativismo moral en la perversión del lenguaje





























"Cuando las palabras pierden su significado, la gente pierde su libertad." 

Confucio





Aquel verano de 2011 se hablaba mucho de paz. Zapatero ya había cumplido 'la primera parte' de lo que negoció con ETA y se preparaba para traspasar 'la segunda parte' a un Rajoy al que las encuestas daban como ganador en las generales de noviembre. En Euskadi los totalitarios, legalizados y en las instituciones, aprovechaban el 'impasse' en 'el proceso de paz' para comenzar la siembra de la nueva fase de propaganda para las masas no nacionalistas. 

En medio de todo aquel oscuro paisaje totalitario apareció un relámpago de memoria, dignidad y justicia cuando se publicó en el Diario Vasco "Víctimas del conflicto vasco"un gran artículo de Manuel Montero que denuncia aquella situación y que señala la indecencia de esa nueva expresión:


"Incluso han estrenado en la vía pública una nueva expresión «víctimas del conflicto vasco». Hasta la fecha solo la usaban en escritos de consumo interno, para decirse que las víctimas son los suyos y no las que señala la democracia y sentido común, quienes han sufrido el terrorismo; o para admitir que todos son víctimas en similar medida, aunque les merezcan más consideración los terroristas. El latiguillo, nueva frase hecha, es de los que puede hacer fortuna en la política vasca. Tiene todos los ingredientes para ello: resulta ambiguo, tiene diversas lecturas y suena políticamente correcto y hasta generoso. Además, es seguramente el mayor reconocimiento a las víctimas que se pueda esperar de Bildu. 

La expresión constituye una indecencia. Equipara al criminal y a su víctima. Busca dar la misma consideración pública a quienes han sufrido el terrorismo -asesinados, heridos, extorsionados, exiliados- y a los terroristas que han sido detenidos por sus crímenes. Tal equiparación, que plantea igual consideración como víctimas a los asesinos y a los asesinados, sugiere un conflicto vasco que trasciende a la voluntad humana y que provoca daños en ambos lados. Quienes han decidido y perpetrado los atentados quedan así exculpados, pues no han hecho sino cumplir sus obligaciones históricas. Las víctimas, por lo mismo, adquieren connotaciones de corresponsabilidad. Lo son por lo que han hecho. Todos, en suma, serían víctimas de un mismo conflicto. Si acaso las víctimas terroristas tendrían primacía moral, pues estaban en el lado bueno de la historia, mientras que las víctimas que han sufrido el terrorismo lo habrían sido por servir al Estado opresor, por colaborar con él, por oponerse a la resolución del conflicto. 

El ditirambo «víctimas del conflicto vasco» refleja el deterioro ético de sus mentores. Lo peor es que lo dicen y apenas suscita resquemores, como si fuera normal semejante anomalía. La sociedad vasca lo entiende a la primera. No es improbable que sean amplios los sectores que la aceptarían sin más, si con ella se pudiese pasar página y olvidar esta etapa de nuestra historia. Como si no hubiese pasado nada. 

Pero sí ha pasado. Por eso no vale la estulticia. Es incompatible con un relato democrático, el de los hechos tal como fueron. La propia formulación del concepto quiere colar gato por liebre: en el fondo, busca que el conjunto de la sociedad vasca reconozca como víctimas a los asesinos. Ya se encargarán ellos de glorificarlos. (...) 

La incongruencia central de «los nuevos tiempos» -así llama Bildu a la etapa de su dominio- es que los partidos democráticos han sido derrotados por el terrorismo y su entorno, mientras piensan que han ganado la batalla. De estos polvos volverán aquellos lodos."




Fue leer este artículo al día siguiente de su publicación y asociarlo en una antigua entrada del blog a un esquema en forma de tabla que realicé cinco años antes sobre "LA INDIFERENCIA, LA COBARDÍA Y EL RELATIVISMO MORAL EN LA PERVERSIÓN DEL LENGUAJE POLÍTICAMENTE CORRECTO DURANTE «EL PROCESO DE PAZ»".

Porque de aquellos polvos de indiferencia, cobardía y relativismo moral que alimentaban el lenguaje del 'proceso de paz' en 2006, vinieron esos lodos totalitarios en 2011. En Euskadi y en el resto de España. 










Siete meses después de "Víctimas del conflicto vasco", en concreto, el 16 de marzo de 2012, también en El Diario Vasco y El Correo, se publicó "Espejismos de paz", un extraordinario artículo de Cristina Cuesta con el que tengo el honor de actualizar esta entrada del blog. Un artículo que, llamando a las cosas por su nombre, se erige como un ejemplar ejercicio de libertad, compromiso, valentía y decencia en la lucha contra el totalitarismo de ETA.  



"Cuenta Esopo en su fábula «La paloma sedienta» que ésta, incómoda por la sed, vio una charca de agua pintada sobre un rótulo y se estrelló al intentar beber. 

Este año se cumplirán quince de aquellos días de julio de 1997 que cambiaron nuestra percepción sobre el terrorismo. El secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco hizo salir de sus casas a seis millones de ciudadanos, muchos vascos, muchísimos por primera vez, con el objetivo de intentar salvar la vida de un joven concejal constitucionalista arrancado de su normalidad por dos terroristas que junto a otro más le sometieron a tortura durante cincuenta horas hasta acabar con su vida con dos tiros. La reacción de los vecinos de Ermua –solidaria, compasiva, firme– clara se expandió como una onda entre de millones de españoles que todavía recuerdan qué hacían, dónde estaban, cómo siguieron aquellas horas con inquietud, indignación y dolor. 

Con aquel atentado interiorizamos como nunca antes la inocencia de las víctimas del terrorismo, aprendimos colectivamente que la vida humana y la libertad eran previas a las opciones políticas partidarias, que merecía la pena defenderlas juntos, marcamos una línea divisoria clara entre demócratas y totalitarios; se demostró en las calles, por primera y última vez, un hartazgo no sólo a ETA por sus crímenes sino a Herri Batasuna, la ETA política, por su impiedad, su colaboracionismo y su legitimación ante el asesinato de un joven que sentimos como nuestro familiar, nuestro vecino, nuestro compañero. Exigimos el aislamiento social de los violentos, gritamos ‘No son vascos, son asesinos’; ‘Sin pistolas no sois nada’; ‘ETA-HB, lo mismo es’; ‘Vascos sí, ETA no’ por toda España. 

Pocos meses después se firmó un pacto decente: el 'Pacto por las libertades y contra el terrorismo' que situaba a las víctimas en el lugar de reconocimiento que merecen, que desarrollaba leyes básicas para impedir que los traficantes de vidas y libertades pudieran ser representantes políticos en igualdad de derechos con sus víctimas, nos comprometimos a no negociar con los que sólo pueden aportar como argumentos el dolor injustamente causado con el objetivo de imponer un proyecto totalitario, se buscó apoyo internacional para explicar claramente que España era una democracia y el País Vasco una autonomía con un nivel competencial envidiable en muchos lugares del mundo y ETA, el último grupo nacionalista terrorista en Europa. 



Han pasado casi quince años desde Ermua. Hemos hecho un viaje desde la dignidad y la memoria hacia la impunidad y el olvido con paradas en Estella, Loiola, Anoeta y en Aiete, tememos que la estación de llegada sea Ajuria Enea. En estos años el trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, en especial la Guardia Civil y la Policía Nacional, ha conseguido desactivar la acción criminal de ETA y paradójicamente los partidos que siguen comprendiendo y justificando la historia criminal de ETA ostentan más poder que nunca.

Seguimos reclamando cuestiones obvias: que se les venza definitivamente, que se rechace y denuncie una historia de terror que ha condicionado la vida de miles de ciudadanos, que colaboren con la justicia para esclarecer más de trescientos asesinatos sin resolver y poder dar paz a las familias de sus víctimas, que pidan perdón por vulnerar derechos fundamentales y atentar contra la democracia constitucional y estatutaria, que acepten el Estado de derecho como un juego entre iguales, que renuncien a un proyecto político que no considera vasco, por ejemplo, a Miguel Ángel Blanco, basado en la justificación de la eliminación física del adversario.

El gran triunfo del terrorismo es haber convertido a miles de conciencias vascas en aliados sociales y políticos que votaron por candidatos que no tienen necesidad ni moral ni política de denunciar a ETA, rechazar a ETA, deslegitimar a ETA. Que no tienen nada que decir ni que hacer ante el asesinato y la tortura de tantos inocentes y no cesan de exaltar y reconocer a asesinos y torturadores. 

Se está instalando en la sociedad vasca un conformismo vicioso que cubre las conciencias bienpensantes y que marca una agenda política basada en el tactismo cortoplacista, en el pacto a cualquier precio, en la rendición de valores por los que muchos han dado su vida y que abandona los principios que emergieron aquellos días de julio y que cimentaron la política más eficaz, justa y coherente con el fin de la derrota del terrorismo. Un oasis, otro espejismo que se evaporó muy pronto. 

A pesar de los pesares siempre habrá ciudadanos que no traguemos con ruedas de molino, que seguiremos siendo insultados, tachados de extremistas, fachas, radicales, vengativos o rencorosos y que no hemos hecho otra cosa que defender el Estado de derecho y la ciudadanía. Se hace necesario rendir homenaje a las víctimas, aquí y ahora, desde la exigencia de memoria y justicia, una memoria que imposibilita que el País Vasco se asiente sobre la legitimación del terror como instrumento político y una justicia que diferencie claramente entre víctimas y verdugos. Una 'impunipaz' falsa, injusta y humillante para las víctimas se está asentando y una sensación ya conocida de indefensión nos afecta como víctimas y como ciudadanos no anestesiados ni narcotizados por ese ambiente general de desistimiento."










Esa 'impunipaz' que señala Cristina Cuesta es lo que más apesta de la historia que se cuenta en este hilo de Covite con 17 tuits imprescindibles para conocer lo ocurrido antes, durante y después de la brutal agresión a dos guardias civiles y a sus novias el 15 de octubre de 2016 en el bar Koxka de la localidad navarra de Alsasua.

Una historia con unos hechos que han tenido como consecuencia el procesamiento por delitos de terrorismo de ocho personas, tres de las cuales permanecen en prisión provisional. Unos hechos que serán juzgados en un juicio que comienza hoy.

Hay quienes con indiferencia, cobardía y/o relativismo moral, califican esos hechos de "pelea de bar", incluso desde instituciones como el gobierno de Navarra en el que se da la circunstancia de que la Consejería de Interior y Justicia, al igual que ocurre con la alcaldía de Pamplona, está en manos de EH Bildu

Y es que de aquellos lodos totalitarios señalados por Cristina Cuesta y Manuel Montero, nos viene esta riada de totalitarismo en España.









"El conflicto vasco", "Trabajar para que no haya más víctimas del terrorismo", "Pelea de bar", "La paz"... son palabras que, desde hace más de doce años, utilizadas de manera perversa por indiferencia, por cobardía y por relativismo moral, nos han traído hasta aquí.

Llamemos a las cosas por su nombre. No permitamos que las palabras pierdan su significado. Está en juego nuestra libertad.






domingo, 11 de marzo de 2018

El tercer lobo y las ovejas














“Una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos.”
Edward R. Murrow



He publicado más de doscientas entradas en este blog desde hace más de seis años y nunca había echado en falta una hasta que el otro día busqué esta y no la encontré. Por eso, con algunas actualizaciones en las imágenes y en la parte final del texto, la he reescrito. Qué mejor día que hoy para publicarla y dedicársela a 'los lobos'.

Vivo en un país en el que una mañana de marzo, tal día como hoy, tres días antes de unas elecciones generales, asesinaron a 192 personas

Un país en el que, catorce años después, seguimos sin saber quién fue el autor intelectual de los asesinatos.

Un país en el que durante esos tres días de marzo de hace catorce años más de 1.500.000 votantes cambiaron de opinión y votaron al partido de la oposición, al mismo tiempo que más de 1.100.000 votantes que iban a votar al partido del gobierno, no lo hicieron.

Un país en el que más de dos millones y medio de votantes eligieron otro destinatario para su voto tres días después del asesinato de 192 personas con lo que, a pesar de que unos días antes de la masacre todas las encuestas señalaban la victoria del partido del gobierno, fue el principal partido de la oposición el que, finalmente, ganó las elecciones.

Un país, en definitiva, en el que a partir de aquellos días de marzo de 2004 lo que ha ocurrido es que han llegado al gobierno dos presidentes traidores a su pueblo. Eso sí, elegidos por su propio pueblo.









Son realidades incómodas. Lo sé. Pero si las olvidamos corremos el riesgo de sufrirlas de nuevo. Por tanto, insisto en el hecho de que en mi país, tres días después de que murieran asesinadas 192 personas, un presidente traidor a su pueblo fue elegido por su propio pueblo. 

En efecto, transcurridos cinco años de la firma del Pacto por las libertades y contra el terrorismo con el que como candidato se había comprometido en el programa electoral a su "cumplimiento escrupuloso y estricto" y a su mantenimiento "vivo y en vigor hasta la derrota total de ETA o su disolución efectiva", como presidente traicionó a su pueblo y promovió una resolución parlamentaria que le autorizó a negociar con una organización terrorista que había asesinado a más de 850 personas

Pese a esa traición, cinco años más tarde volvió a comprometerse en su programa electoral a acabar con esos terroristas, deslegitimando y combatiendo su apoyo social mientras afirmaba que ya no había ninguna expectativa de diálogo

Aunque su mayor acto de desvergüenza lo llevó a cabo apenas unas horas después de que los terroristas asesinaran a un exconcejal de su partido cuandosabiendo que no iba a cumplir su promesa para no romper sus compromisos con esos terroristas, prometió a su pueblo lo siguiente: 

"Perseguiré con todos los instrumentos del Estado de derecho a los terroristas, a quienes les prestan apoyo y a quienes avalan y justifican sus acciones." 



Al día siguiente fue reelegido por su propio pueblo.









El segundo presidente traidor a su pueblo que ha llegado al gobierno de mi país tras el asesinato de 192 personas en unos trenes fue elegido por su propio pueblo el 20 de noviembre de 2012. Un mes antes los terroristas con los que el gobierno anterior había negociado anunciaron "el cese definitivo de la actividad armada". Su respuesta como candidato fue esta: 

"Este anuncio se ha producido sin ningún tipo de concesión política." 


Trece días después de que como candidato mintiera a su pueblo omitiendo la terrible y crucial concesión política de la legalización de partidos políticos vinculados a los terroristas, el todavía presidente manifestó: 

"Tengo confianza en que esta etapa que apenas se ha iniciado se va a hacer bien."


Lo que ocurrió después fue que, ciertamente, pese a disponer en su primera legislatura como presidente de cuatro años con mayoría absoluta en el Congreso de los diputados, no alteró en absoluto (ni en esa legislatura ni en la actual) ninguna de las principales decisiones políticas adoptadas por su antecesor. Tampoco la resolución parlamentaria que autoriza al Gobierno a negociar con esa organización terrorista y nacionalista vasca

Así que, tres años después de su elección se pudo comprobar la traición a su pueblo cuando, desdeñando sus compromisos electorales, no sólo evitó impulsar la aplicación de la Ley de partidos a los partidos políticos que no condenan la violencia de la organización terrorista porque están vinculados a ella, sino que pactó no ilegalizarlos y, lo más grave, ordenó excarcelaciones de terroristas enfermos, e incluso de decenas de terroristas sanos.









Sin embargo, sólo la mentira no debía ser suficiente para que esos dos traidores a su pueblo llegaran a ser presidentes del gobierno de mi país porque ocurrieron más cosas antes de las elecciones generales. 

Fue necesario que los medios de comunicación omitieran que esos dos candidatos estaban mintiendo a su pueblo. Y también fue necesaria la manipulación.

El más claro ejemplo de manipulación informativa ocurrió la misma mañana del 11 de marzo de 2004 cuando, sólo cuatro horas después de la matanza y, apenas dos dí­as antes de las elecciones generales, el locutor de referencia de la emisora de radio de mayor audiencia de mi país, una emisora del grupo de comunicación que en ese momento apoyaba al candidato del principal partido de la oposición, dijo en antena:








Unas nuevas elecciones generales se van a celebrar en mi país más pronto que tarde. Y como en ocasiones anteriores, los resultados de las elecciones autonómicas y locales condicionarán los de las generales. 

Todo indica que puede haber 'otro gran cambio de página' ya que el candidato de un partido que nunca ha gobernado puede llegar a hacerlo. Se trata de un candidato que también ha emitido señales suficientes para identificar las mentiras que ha hecho a su pueblo y, por consiguiente, las más que previsibles traiciones que le hará si gobierna

Un candidato que en octubre de 2015, dos meses antes de las elecciones generales del 20N, dijo esto:


Un candidato que, por el contrario, cuatro meses después de esas declaraciones propuso reformas constitucionales a un golpista. Y que, no contento con eso, transcurrido un año, instó al presidente a negociar con ese golpista. El mismo golpista que un año antes, en su toma de posesión como presidente de un gobierno regional, se había negado a prometer fidelidad a la Constitución. 

Un candidato que ayer, un año después de instar al presidente a negociar con el golpista, ante la previsible cercanía electoral, no tuvo ningún reparo en decir esto:



Un candidato, en fin, en el que sus mentiras son claramente 'las orejas' del llamado a ser 'el tercer lobo' en las dos últimas décadas de mi paí­s. 









En conclusión, se puede afirmarparafraseando a Maquiaveloque ante la corrupción del poder todos los medios de comunicación decidieron, en mayor o menor medida, que la honradez y la virtud son perniciosas.

Que, aunque entre los periodistas de mi país hay honorables y valiosas excepciones, la mayoría colaboran, por acción u omisión, en el ocultamiento y la manipulación de gravísimos hechos ocurridos del 11 al 14 de marzo de 2004, así como de graves hechos de políticos que mienten a su pueblo como candidatos y que como presidentes lo traicionan. 

Y que, mientras tanto, los pastores trabajan y el tercer lobo acecha. 

¿Qué harán las ovejas?






lunes, 26 de febrero de 2018

Mejor ser ciudadano en una monarquía que súbdito en una república

















“Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios.”
Alexander Pope



Estaba convencido de que la monarquía había dejado de ser útil a EspañaTenía mis razonesSigo siendo partidario de la república como forma de estado pero, por encima de sectarismos, soy un ciudadano libre. 

Sí, soy un español que el pasado 1 de octubre sufrió de nuevo la indignidad de ver cómo, después de asegurar que no se iba a celebrar, el Gobierno de España permitía la celebración del segundo referéndum ilegal para la autodeterminación de Cataluña en el que, al igual que el 9 de noviembre de 2014, sólo dos millones de votantes, apelando a supuestos derechos territoriales anteriores a la Constitución, intentaron mutilar de forma sectaria la soberanía que compartimos 45 millones de compatriotas. 

Sí, soy uno de esos millones de españoles que el 1-O se sintió de nuevo traicionado por el gobierno de EspañaUno de tantos que sacó la bandera al balcón de su casa, que buscó compañía en la defensa de la Constitución y del Estado de derecho y que, salvo a políticos extra parlamentarios, periodistas de medios no mayoritarios y tuiteros de modesta influencia, sólo encontró a Su Majestad el Rey.









En efecto, dos días después del 1-O millones de españoles estábamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática. A más a más, en Cataluña se había convocado una huelga general como "respuesta unitaria a la represión del Estado" y todos los catalanes pudieron ver (y sufrir) escarnios a agentes policiales, señalamientos a periodistas y políticos, así como enfrentamientos entre compañeros de trabajo y entre familiares. Es decir, ese día los catalanes conocieron algunas de las consecuencias de ser súbditos de la República catalana

Por eso al final de aquel martes 3 de octubre de 2017 la mayoría de los catalanes y del resto de españoles hicimos nuestro el discurso del Jefe de Estado. Porque el Rey de España alzó la bandera por la que millones de españoles estamos dispuestos a luchar. 

Millones de españoles estuvimos representados también por los miles que fueron a la manifestación del 7 de octubre en Madrid y, especialmente, por el millón de catalanes que participaron al día siguiente en la histórica manifestación de Barcelona con aquel inolvidable discurso de Vargas Llosa.

Dos semanas después, Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno de España, tras reunirse con Pedro Sánchez y con Albert Rivera, avisó de la aplicación del artículo 155 de la Constitución pero también de que abortaría la aplicación de dicho artículo si Puigdemont convoca elecciones en Cataluña.









Fue entonces cuando como un luminoso sueño en medio de una oscura pesadilla, emergió, con enorme altura y belleza deslumbrante, la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias. Un acto celebrado el 20 de octubre en el que la presencia y los discursos de los presidentes del Parlamento, del Consejo y de la Comisión Europea dieron una relevancia extraordinaria al memorable discurso que el Rey pronunció. Un discurso que fue especialmente importante en su parte final y, aún más, si cabe, en estas palabras.

Unas horas después, la mañana del sábado 21, se celebró el consejo de ministros en el que Rajoy dio a conocer el documento de medidas para la aplicación del artículo 155 de la Constitución que días más tarde se llevaría al Senado para su aprobación y posterior aplicación tras su publicación en el BOE. En dicho documento se incluían medidas tan necesarias como el control de los miembros de la policía de la Generalidad ("En el caso de que sea necesario los miembros del Cuerpo de Policía de la Generalitat de Cataluña - Mossos d'Esquadra - serán sustituidos por efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado"), así como medidas para "garantizar la transmisión de una información veraz, objetiva y equilibrada ..." en el ámbito del servicio público autonómico de comunicación audiovisual (TV3, Catalunya Radio...). 

Pese a que todas esas medidas estaban sometidas a revisión ("El gobierno podría anticipar el cese de estas medidas si cesasen las causas que lo motivan") y tenían una duración determinada ("se mantendrán vigentes y serán de aplicación hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno de la Generalitat resultante de la celebración de las correspondientes elecciones al Parlamento de Cataluña"), ese mismo día 21 se trasladó la idea desde medios cercanos al gobierno de que las elecciones catalanas se celebrarían en seis meses. Muchos estábamos contentos.

Sin embargo, el viernes 27, pocas horas después de la aprobación en el Parlamento de Cataluña de la resolución para declarar la independenciaRajoy anunció la disolución del Parlamento de Cataluña y la convocatoria de las elecciones catalanas para el día 21 de diciembre.









Lamentablemente, cuatro meses después seguimos viviendo momentos muy negativos para nuestra vida democrática.

Pese a que por actuaciones de la Justicia algunos políticos responsables de los hechos acontecidos los pasados meses se encuentran en prisión preventiva acusados de graves delitos de rebelión, sedición y malversación de fondos, el gobierno de España no ha evitado la huida a Bélgica de Puigdemont, el expresidente de la Generalidad. 

Pese a que Forn y Trapero, como respectivos responsables político y operativo de los Mozos de escuadra están en prisión preventiva acusados de rebelión y sedición. Pese a que los Mossos fueron interceptados por la Policía cuando trataban de quemar cajas llenas de documentos que relacionaban a sus mandos con decisiones contrarias a las órdenes del TSJC de impadir el 1-O, pese a lo anterior, el gobierno de España no ha adoptado ninguna medida que afecte a la policía autonómica catalana en aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Pese a que TV3 no emitió el dicurso de nochebuena del Rey. Pese a que desde Catalunya Radio se informó de los movimientos de la Policía y la Guardia civil en Cataluñapese a lo anterior, el gobierno de España no ha adoptado ninguna medida que afecte a esos medios públicos de comunicación en aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Pese a que el gobierno de España asume el control de la Generalidad de Cataluña en aplicación del artículo 155 de la Constitución, no ha destituido al Jefe de Telecomunicaciones que hace unos días anunció que no iba a acudir a recibir al Rey en la inauguración del Mobile World Congress celebrada ayer en Barcelona.

Pese a que el pasado viernes la cúpula del poder judicial en Cataluña abandonó un acto en el Colegio de abogados de Barcelona durante la intervención de Roger Torrent, el Presidente del Parlament de Cataluña cuando afirmó la existencia de 'presos políticos' en España, el ministro de Justicia del gobierno de España no les acompañó.

Desconozco si la débil aplicación del artículo 155 de la Constitución que está realizando el gobierno de España frente a los desafíos golpistas ha tenido alguna influencia en la actitud de Torrent de no acudir a recibir al Rey ni saludarlo durante todo el acto, así como en la actitud de Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona que, aunque sí se acercó a saludarlo durante la cena, tampoco acudió a la recepción al Jefe de Estado. 

Lo cierto es que ayer el Rey de España, el símbolo constitucional de la unidad y permanencia del Estado, fue desairado en Barcelona por dos políticos partidarios de la República catalana, porque consideran inaceptable su defensa de la Constitución, nuestro Acuerdo de convivencia, la Ley de leyes que nos hace ciudadanos libres e iguales, vivamos donde vivamos, votemos a quien votemos y hablemos el idioma que hablemos. 









Llegados a este punto le pido que vea este vídeo detenidamente. 

Observe a Su Majestad el Rey cuando, con ocasión de su 50º aniversario, el pasado 30 de enero, impuso el Collar de la insigne Orden del Toisón de Oro a Su Alteza Real la Princesa de Asturias. Se lo ruego. Preste atención a los gestos y, especialmente, a estas palabras:


"Porque tus acciones, todas, deberán guiarse por el mayor sentido de la dignidad y la ejemplaridad, por la honestidad y la integridad, por la capacidad de renuncia y de sacrificio, por el permanente espíritu de superación y por tu entrega sin reservas a tu país y a tu pueblo.

Deberás respetar a los demás, sus ideas y creencias. Y amarás la cultura, las artes y las ciencias, pues ellas nos dan la mejor dimensión humana para ser mejores y ayudar a progresar a nuestra sociedad.

Te guiarás permanentemente por la Constitución, cumpliéndola y observándola. 

Servirás a España con humildad y consciente de tu posición institucional.

Y harás tuyas todas las preocupaciones y las alegrías, todos los anhelos y los sentimientos de los españoles."



Finalmente, le invito a reflexionar sobre ciudadanos, súbditos, monarquía y república. Y le solicito una conclusión. Una respuesta para España. Porque, como dijo Oriana Fallaci, hay momentos en la vida en los que callar se convierte en una culpa. Hablar, una obligación, un deber civil, un desafío global, un imperativo categórico del cual no te puedes evadir. 






viernes, 5 de enero de 2018

Los riesgos y los beneficios



A confesión de partes, relevo de pruebas. Eso pensé al leer lo que cuenta Cayetana Álvarez de Toledo, en entrevista de Cristian Campos para El Español, que le dijo Pedro J. Ramírez al anunciar su adiós a El Mundo: "¿Cómo se te ocurre meterte en política? ¿No te das cuenta de que el periodismo es política sin responsabilidad?".

Pues bien, una vez confirmado que hay periodistas que juegan a políticos (siempre cerca de la línea editorial que les da de comer) que no se sienten afectados por ninguna obligación moral ante las consecuencias de su apoyo a una política equivocada, el problema de fondo, que diría Federico Jiménez Losantos, es que una parte importante de los riesgos y los beneficios de la política se tiene que repartir entre políticos y ciudadanos.

Desconozco si es debido a la falta de responsabilidad o a la falta de costumbre pero el caso es que los que realmente arriesgamos, sobre todo si no nos informamos adecuadamente antes de votar, y bien que lo pagamos cuando la jugada sale mal, somos los de siempre: los ciudadanos. En Cataluña y en el resto de España.

Y ese es el fondo del problema, que en Cataluña y en el resto de España la jugada está saliendo mal. Aunque no para todos. Además de esos periodistas que, como los bancos, ganan siempre, vaya la cosa bien o vaya mal, con la jugada del gobierno de España de aplicar en octubre el artículo 155 de la Constitución para poco más que convocar elecciones en diciembre, los más beneficiados están siendo los golpistas y los de Cs. 







Pero en Cataluña y en el resto de España la jugada está saliendo mal desde hace tiempo. Especialmente desde que hay periodistas que apoyan a políticos que dialogan con golpistas

Escuchen si no a Carlos Herrera explicar ayer, pocas horas antes de que el Tribunal Supremo escuchara a Oriol Junqueras abogar por su excarcelación, cómo esa es la opción preferente del gobierno de España: la excarcelación de un imputado por rebelión, sedición, prevaricación y malversación de caudales públicos en el desarrollo de su actividad como vicepresidente de la Generalidad de Cataluña para que pueda ser presidente de la Generalidad de Cataluña. 

Sólo cuando los ciudadanos empecemos a compartir los riesgos de la política con los periodistas veremos los beneficios. 

Ya lo dijo Albert Camus... 























lunes, 13 de noviembre de 2017

La tercera España se ha levantado


"Me temo que lo peor aún no ha pasado. Me temo que el golpe triunfará a partir del 1 de octubre, cuando la democracia se declare en tregua frente a los golpistas. Sí, me temo lo peor. Porque es la hora de Churchill y en mi entorno no veo más que pequeños chamberlaines."
Rosa Díez González



Lo peor está pasando. Lamentablemente, el temor de Rosa Díez no era infundado y la democracia se nos escapa de las manos mientras el Estado de Derecho que debe sustentarla asegurando el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular está en tregua frente a los golpistas. Esta es la dura realidad tan difícil de aceptar en estos tristes y oscuros días de la Historia de España.

¿Les parece un análisis pesimista? El tiempo lo dirá. Les aseguro que hace un par de semanas, cuando escribí este artículo, era totalmente realista. Ayer, sin embargo, al conocer que mañana domingo 5 de noviembre de 2017 se publicará, lo volví a leer y tras observar algunas referencias temporales algo desfasadas (muchas y muy importantes noticias han sucedido estas dos semanas), decidí actualizarlo. Más adelante contaré lo que ocurrió entonces. Mientras, les invito a seguir leyendo el artículo original.

Rara vez las cosas suceden de repente, como por generación espontánea. Tampoco ahora. Desde que el día 26 de septiembre de 2012 Artur Mas anunciara en el Parlament su voluntad inequívoca de llevar a cabo el primer referéndum ilegal para la autodeterminación de Cataluña hasta que se realizó el 9 de noviembre de 2014, el Estado de Derecho ha permitido que los golpistas desafíen la ley. Y no sólo eso, el Gobierno de España lo ha negociado con ellos.

Así tenemos que, ocho meses antes del segundo referéndum ilegal para la autodeterminación de Cataluña, Enric Millo, el Delegado del Gobierno de España en Cataluña, reconoció otra negociación entre el Estado español y los golpistas que gobiernan la Generalidad de Cataluña.

Y negociación tras negociación llegamos al malhadado 1 de octubre de 2017, día en el que, minutos después dlas 20:00 h., hora de cierre de las mesas electorales del segundo referéndum ilegal para la autodeterminación de Cataluña permitido por el presidente del gobierno de España, el propio Mariano Rajoy señaló la responsabilidad de "los líderes de la Generalitat" y, acto seguido, les ofreció diálogo

La respuesta de Puigdemont al ofrecimiento de Rajoy se produjo poco después y consistió en anunciar el paso siguientela declaración de independencia de Cataluña.

Desconozco si también en esta ocasión miembros del Gobierno de España han dialogado y acordado con los golpistas, pero lo cierto es que el 10 de octubre Rajoy permitó la declaración de independencia de Cataluña. Una declaración que, como es bien sabido, se produjo y hasta se firmó.

No hay que olvidar que Rajoy permitió la declaración de independencia a pesar de que José Manuel Maza, el Fiscal General del Estado, había confirmado dos semanas antes que se daban las condiciones legales para detener a Puigdemont. Por cierto, al hilo de ese 'mensaje a navegantes' de Maza, hay que destacar el hecho de que al suspender la independencia tras proclamarla, Puigdemont minimizó el riesgo de 'violencia y grandes tumultos', algo que de suceder tendría como consecuencia que el 'Molt Honorable President' incurriera en un delito de rebelión penado con hasta 25 años de cárcel. 

En cualquier caso, las únicas actuaciones que Rajoy ha decidido contra los golpistas han sido dos. La primera, enviar a Cataluña, varios días antes del 1 de octubre, a la policía y a la guardia civil. Eso sí, fueron enviadas con una difícilmente explicable falta de previsión y a unas arriesgadas operaciones que se agravaron con la previsible actuación de los mozos de escuadra. Esas condiciones de trabajo provocaron situaciones perfectamente aprovechadas por los golpistas para su propaganda victimista. Situaciones a las que incluso se sumó el propio Millo pidiendo disculpas en TV3.

La segunda de las actuaciones de Rajoy contra los golpistas ha sido un requerimiento al Gobierno de la Generalidad de Cataluña para que "confirme si ha declarado la independencia de Cataluña". La clave de dicho requerimiento ha sido el amplio plazo dado para su respuesta. O mejor dicho, los amplios plazos. 

En efecto, en dicho requerimiento Rajoy le da al Molt Honorable President un primer plazo de cinco días (desde el miércoles 11 hasta el lunes 16 a las 10:00 horas), y un segundo plazo de tres días que acaba mañana jueves 19 a las 10:00 horas, para, en su caso, proponer al Senado "la adopción de las medidas necesarias para el cumplimiento por parte de la Comunidad Autónoma de sus obligaciones constitucionales y para la protección del interés general, al amparo de lo dispuesto en el artículo 155 de la Constitución española para restaurar el orden constitucional y estatutario vulnerado."

hoy es el día en el que los españoles nos encontramos con que el Presidente del gobierno de España no solo ha evitado instar a la Fiscalía a actuar contra el máximo responsable de los golpistas, querellarse contra Puigdemont (como ha hecho Vox), no solo ha evitado aplicar con diligencia el artículo 155 de la Constitución, regalando unos plazos incomprensiblemente largos sino que, para colmo de males, desde el Gobierno de España se transmite la información de que, tras reunirse ayer con Pedro Sánchez y hoy con Albert Rivera, Rajoy abortaría la aplicación del artículo 155 si Puigdemont convoca elecciones en Cataluña.

Llegados a este punto hago el segundo y último paréntesis en el artículo original e introduzco la actualización de hechos que comienza con esta demoledora portada del ABC,un complemento muy eficaz de la noticia enlazada al final del párrafo anterior. 

Al día siguiente, el viernes 20, se celebró la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias con la presencia de los presidentes del Parlamento, del Consejo y de la Comisión Europea. Un acto con una belleza y una altura extraordinarias en el que el Rey de España pronunció un memorable discurso, especialmente importante en su última parte (ir a min. 01:47:00 del vídeo) y aún más, si cabe, en estas palabras.

Y fue, precisamente, en el consejo de ministros celebrado unas horas después, la mañana del sábado 21, cuando Rajoy dio a conocer el documento de medidas para la aplicación del artículo 155 de la Constitución que días más tarde se llevaría al Senado para su aprobación y posterior aplicación tras su publicación en el BOE. En dicho documento se plantean medidas tan necesarias como el control de los miembros de la policía de la Generalidad (Mossos d'Esquadra), así como medidas para "garantizar la transmisión de una información veraz, objetiva y equilibrada ..." en el ámbito del servicio público autonómico de comunicación audiovisual (TV3, Catalunya Radio...). 

En cualquier caso, es importante señalar que todas esas medidas están sometidas a revisión ("El gobierno podría anticipar el cese de estas medidas si cesasen las cusas que lo motivan") y que tienen una duración determinada ("se mantendrán vigentes y serán de aplicación hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno de la Generalitat resultante de la celebración de las correspondientes elecciones al Parlamento de Cataluña"). 

Conviene recordar que ese mismo sábado 21 desde medios cercanos al gobierno se trasladó la idea de que las elecciones catalanas se celebrarían en seis meses. Muchos españoles estábamos contentos.

No obstante, el viernes 27, pocas horas después de la aprobación en el Parlamento de Cataluña de la resolución para declarar la independenciaRajoy anunció la disolución del Parlamento de Cataluña y la convocatoria de las elecciones catalanas para el día 21 de diciembre. Desconozco si Rajoy y Puigdemont estuvieron a punto de llegar a un acuerdo, tal y como se comentó en algunos medios, pero lo cierto es que en sólo una semana ya se hablaba de un 155 light.

También desconozco hasta qué punto lo sucedido esos días afectó a la gente de la calle pero lo cierto es que el domingo 29 volvieron a manifestarse más de un millón de españoles no independentistas en Barcelona. Es cierto, los catalanes no independentistas ya no se callan ni se esconden.

Cierto es también que anteayer la juez Carmen Lamela envió a la cárcel a Oriol Junqueras y a ocho exconsejeros de la Generalidad acusados de rebelión y que ayer emitió una orden internacional de busca, captura y prisión de Puigdemont. Pero no es menos cierto que estas medidas son provisionales y que no les impedirán ser candidatos a las elecciones catalanas aun siendo condenados en firme.

Lo que también es cierto es que, pese a todo lo señalado anteriormente, desde el gobierno y desde Ciudadanos siguen, como antes de estas últimas dos semanas, hablando de reformar la Constitución sin respetar la voluntad mayoritaria de los españoles.

Así que hoy, sábado 4 de octubre, al actualizar este artículo he comprendido que pese a mi impresión al inicio de esta actualización, quizá influenciado por el efecto psicológico de las recientes noticias de las detenciones de los golpistas, mi conclusión no varía sustancialmente. Y esta no es otra (y con esto finalizo la actualización continuando con el artículo original tras este párrafo) que Rajoy, que sigue sin ser Churchil, busca otro nacionalista con quien pactar en Cataluña y, con el apoyo de los pequeños Chamberlaines Sánchez y Rivera, ha permitido y permite por acción u omisión que el Estado de Derecho que debe asegurar el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular esté en tregua frente a los golpistas. Sí, en una especie de tregua autoajustable en función de la fuerza del viento popular.

Pues bien, a pesar de la gravedad de la situación, afirmo con la convicción que me da lo que veo, que, parafraseando a Aristóteles, la esperanza es el sueño de una nación despierta. Y España está muy despierta. 

No hay más que ver la creciente presencia de banderas en nuestras casas y en nuestras calles para comprobar lo despierta que está España. No hay más que recordar lo que sucedió el pasado día 3 de octubre, dos días después de que millones de españoles comprobaran apesadumbrados cómo el presidente del Gobierno de España ofreció diálogo a los golpistas tras la celebración de un referéndum ilegal que no impidió, y vieran cómo minutos después el presidente de la Generalidad de Cataluña, como máximo responsable de los golpistas anunciara la declaración de independencia de Cataluña. Ese histórico día millones de españoles libres y decentes se vieron reconfortados con la nítida imagen de un Jefe de Estado ejemplar y recuperaron la esperanza al escuchar las más que necesarias palabras de Felipe de Borbón y Grecia, y mensajes tan cruciales como este:  

"Ante esta situación de extrema gravedad que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña basado en la Constitución y en su Estatuto de autonomía."


Imprescindible fue también el mensaje del Rey a los catalanes preocupados e inquietos con "la conducta de las autoridades autonómicas". Ese "No están solos ni lo estarán" fue tan necesario como emocionante. Y lo fue para ellos pero también para millones de compatriotas suyos que estuvieron muy bien representados por los miles de asistentes a la gran manifestación celebrada cuatro días después en Madrid y, especialmente, por el millón de ciudadanos que participaron en la histórica manifestación de Barcelona (ver imagen anterior) celebrada al día siguiente de la de Madrid, en la que brilló con luz propia el discurso de Mario Vargas Llosa.

Como tantas otras veces ha ocurrido en la historia de España, se acercan días de enfrentamiento entre españoles. Y esta dura realidad me ha hecho recordar estas palabras del historiador Joaquín Riera sobre su libro "La Guerra Civil y la Tercera España":

"Los españoles no quisieron la guerra y la mayoría constituyó la denominada 'tercera España' mientras que unas minorías extremas empujaron hasta el sangriento conflicto." 

Riera afirma que la Guerra Civil no ha sido una excepción en la historia y que "como en todas las guerras, la mayor parte de la gente no la quiso" aunque, curiosamente, "esa mayoría ha sido borrada por la historiografía".

Lo que veo en estos "muy graves momentos para nuestra vida democrática", tal y como los describió el Rey de España en su histórico discurso, es que ha emergido una mayoría silenciosa que es mucho más que eso. Es la tercera España de hombres cabales señalada por Rosa Díez tan molesta para los enemigos de la libertad, los farsantes y los traidores que tanto abundan en nuestro país. Es la tercera España que quienes controlan el presente quieren borrar del pasado (ya no se habla del discurso de Felipe VI ni de la manifestación de Barcelona) para poder seguir controlando el futuro

Como escribió Neruda, podrán cortar las flores pero no podrán detener la primavera. Y no podrán detener la nueva primavera de la democracia en España porque los españoles hemos aprendido que nuestra única esperanza somos nosotros mismos. Porque ya sabemos que, como tantas otras veces, intentarán aburrirnos, desesperarnos, confundirnos, chantajearnos... Pero no podrán porque hemos abierto los ojos y somos y seremos cada vez más en la calle para obligarles a obedecernos. 

Porque somos y seremos, al fin, la nación despierta de españoles cabales, libres y decentes que se ha levantado para defender lo que nos une: el sueño de la España constitucional. 

¡¡¡Viva la Libertad!!! ¡¡¡Viva la Constitución!!! ¡¡¡Viva España!!!